Temporada de esquí 2008
Las Leñas, de buena temporada olímpica
Con nieve suficiente, como si los copos precipitaran allí a ruego de los dioses grecorromanos que nominan sus pistas, el invierno blanco de este centro de deportes invernales mendocino, mantuvo esta temporada, un altísimo promedio de pistas abiertas. Una propicia tendencia climática parece seguir así hasta la primavera para gratificación de los fans de las tablas y el snowboard, devotos impenitentes de este Olimpo inmaculado.
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El esquiador medio que conozca las pistas patagónicas pero que visita por primera vez Las Leñas, suele experimentar dos nuevas sensaciones. La primera es  vivir por unos días en una neta aldea de montaña exclusiva para esquiadores y snowboardistas, con la nieve a la puerta de varios hoteles -con la posibilidad que -con deslizamiento de patinador- pone en las estaciones de partida de telesillas y lift de arrastre direccionados hacia dos valles que se abren a diestra y siniestra. Son 15 medios de elevación que abastecen a tres decenas de pistas. La segunda sensación es que aún no siendo un experto bajamontañas, quien trepa por la seguidilla de las aerosillas Venus, Neptuno y Marte, le basta deslizarse unos centenares de metros para ensartar la entrepierna en el poma-lift Iris y así ser arrastrado hasta alcanzar el tope de los remontapendientes en la altitud de 3430 metros s.n.m. (equivalente a 11.253 pies). Es decir, la cumbre esquiable. Lo de cumbre esquiable, no lo es para los muy expertos audaces del esquí extremo que faldean desde allí y trepan en dirección de los colosales paredones de las Torrecillas, en demanda de zonas de esquí libre y vertiginoso. Esos temerarios, aunque marchan con cascos y suelen llevar un guía fuera de pista del equipo que comanda Claudio Margaride, son expertos consumidores de emociones. El esquiador medio y prudente, en cambio,  a la salida del lift Iris, tiene una abierta salida a la pista Apolo -la deidad de la mitología griega, iniciadora de los oráculos de Delfos-, para un descenso placentero e interminable de 7 kilómetros ininterrumpidos hasta la base y a un paso de los hoteles. Esa enorme bajada, que enhebra a la pista Neptuno y Venus, merece ciertos derrapajes y detenimientos reparadores (para sosegar las piernas y recuperar la oxigenación), aprovechables para otear el panorama de cumbres y de nieves: una maravilla.

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De ese deleite no se ocupan lo consumidores de su propia adrenalina, amigos del vértigo mayor, que a la salida de la telesilla Marte emprenden descensos de esquí libre o van a dar al valle de la aerosilla Vulcano. Hay para todos. Porque los esquiadores iniciales disponen de la más larga pista de aprendizaje de la Argentina que es abastecida por la aerosilla Venus, para que una vez adquirido el básico dominio sobre tablas, habilite a pasar a las variantes más cortas pero algo más empinadas del sector Eros, también para principiantes. Es desde allí que se abre el abanico valletano más soleado y recreativo de la montaña, donde se recomponen los faltantes de nieve y en parte se practica esquí nocturno. Las condiciones invernales en esa altitud -con la base a 2.240 metros- hacen altamente eficaz el moderno sistema de fabricación de nieve propia con lo que se puede cubrir, además de toda la base y la pista Venus, descargar nevisca artificial en las pistas Eros, Minerva y todas sus conexiones, incluso con Vesta. Ese bastimento de nieve fabricada asegura mantos en la parte baja de Caris y hasta la torre 8 de la aerosilla Vulcano. Por esta razón, la estratégica ubicación del snowpark -donde estaba la pista Minerva 2-, resulta un epicentro en continuidad para los amantes del Freestyle, los saltos en rampas o los deslizamientos en rails o en funboxes. La quema de energía agiganta la apertura del apetito y abundan los devoradores de guisantes, platos horneados o carnes guilladas y también toda la variante snack. Por la variedad de lugares y cocinas, todos pueden organizarse una semana de esquí sin repetir parador de altura o restaurante hotelero y aún musicalizados y bulliciosos comedores que esperan al pié de las pistas.

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En la base y durante los fines de semana, son un atolladero donde se empañan las antiparras (y a veces se pierden los guantes), lugares muy concurridos como Innsbruck -y su gran deck- y el UFO Point. Quienes no quieren dejar las alturas clavan sus esquís junto a los paradores Santa Fe, el ex  Bacus, frente a la estación de retorno de la aerosilla Neptuno, o ante la fachada de La Cima, Hydra y Olympo, en este caso, claro, con "y" griega, como merece este santuario blanco. Para los porteños en grupo o en familia, es bueno saber que en automóvil son 1200 kilómetros, 200 más de lo que necesitan los rosarinos. Desde Córdoba capital son 800 kilómetros. Quienes llegan en charter al aeropuerto de Malargüe tienen hora y media de transfer y buena parte de los 70 kilómetros animados por el paisaje montañés. Pero desde el aeropuerto de San Rafael se invierte más de dos horas para cubrir 200 kilómetros, en gran parte por camino de montaña. Las informaciones complementarias pueden requerirse directamente al teléfono del Valle de Las Leñas, al (02627) 471100.

Francisco N. Juárez por Francisco N. Juárez
Periodista y editor de publicaciones nacionales durante cuatro décadas, ex montañista y todavía esquiador, escribió para La Nación sobre esquí -turismo y deporte- durante veinte años. Fue dirigente de la FASA -la federación afín- y fundó dos revistas de esquí. Creador de los cursos de esquí y carreras para periodistas, fue requerido para asesoramientos invernales por autoridades turísticas nacionales y de provincias.
Francisco N. Juárez

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