Especiales
Montañas para escalar... y fotografiar
Hay elevaciones en nuestro país que ratifican la belleza que lo caracteriza. Montes y montañas que son verdadero objeto de contemplación y aparecen tanto bien al sur como en el norte cordillerano.
Cerro Aconcagua (Mendoza)
Hay montañas para trepar, y montañas lindas por su aspecto. La Argentina tiene la suerte de contar con la mitad de los Andes, pues la otra parte, la occidental, pertenece a Chile. De modo que toda la vertiente oriental de la Cordillera es argentina. Además, dos de los principales colosos se hallan enteramente dentro de nuestro territorio: el Aconcagua, la mayor elevación del hemisferio sur, y el Pissis, el segundo volcán en altura en el mundo; el más alto, el Ojos del Salado, es en limítrofe y, por tanto, compartido.

Cerro Aconcagua (Mendoza)
El centinela de piedra Aun sin ser una belleza que se alce aislada como otros colosos, el Aconcagua (6.960 m.s.n.m.) no puede faltar entre las montañas que se citan entre las más admiradas. Si bien está algo escondido en medio de un mar de cerros de 5.500 metros que lo rodean, supera por mucho a sus vecinos y es, por tanto, más impresionante visto desde lejos que mirado desde muy cerca. Solamente su temible pared sur, que se precipita varios miles de metros desde la cima hasta el valle de los Horcones, es realmente sobrecogedora para el observador. Por lo demás sorprende a quienes pasan cerca con un avión de línea en el vuelo de Mendoza a Santiago de Chile. Desde el aire se observa con asombrosa nitidez el famoso glaciar de los Polacos, bautizado así en recuerdo de una cordada de montañistas polacos que fueron los primeros en vencer este campo de hielo.  Para el turista normal, la mejor manera de contemplar el Aconcagua es pasarse unos dos kilómetros de Puente del Inca donde un cartel señala el acceso al Parque Provincial homónimo.

Volcán Lanin (Neuquén)
Conos perfectos Empero un cerro no impresiona solamente por su altitud. Más lo hace por la diferencia que hay entre su pie y la cima. En este sentido, por ejemplo, el monte Olivia, a espaldas de Ushuaia, conmueve tanto por su morfología áspera como por el hecho de nacer a nivel del mar y elevarse con sus laderas abruptas casi 1.500 metros. O el ejemplo inverso del Mercedario, un macizo por plegamiento casi tan alto como el Aconcagua, pero que no sobresalta por hallarse rodeado por otros gigantes y por estar alejado desde los miradores más próximos. En cambio asombran al viajero los conos perfectos que forman jóvenes o antiguos volcanes. Tal vez, el más veces fotografiado sea el Lanín, cuya punta nevada puede apreciarse desde grandes distancias, porque hacia el saliente no hay otras elevaciones que lo oculten. El Lanín (3.776 m.s.n.m.) es un aparato volcánico aislado, apagado, que forma una línea de fuego con el Quetrupillán y el Villarrica, ambos en Chile y con mucha actividad este último. Curiosamente, el Lanín tiene, hasta el centímetro, exactamente la misma altitud que el sagrado Fujisama japonés. En verano es frecuentemente ascendido desde San Martín de los Andes, con guías o en solitario. Una hermosa figura para contemplar, y que a quienes hacen cumbre permite disfrutar de un panorama magnífico sobre los bosques y lagos del sur hasta el cercano océano Pacífico.

Monte Fitz Roy (Santa Cruz)
Las agujas de granito Entre los espectáculos más impresionantes figura el macizo Fitz Roy que, curiosamente, desde el punto de vista geológico no es parte de la cordillera de los Andes, pues se trata de una formación plutónica, de ascensión independiente. El Fitz Roy o Chaltén (nombre indígena de este morro de 3.405 m.s.n.m.) no es una montaña propiamente dicha, sino un pico o un pan de azúcar. Está rodeado por una decena de agujas graníticas entre las que se destacan el cerro Torre, la Torre Egger (homenaje a un montañista austríaco fallecido en sus laderas), la aguja Poincennot y la aguja Saint Exupery. Lo particular del Fitz Roy es que se encuentra en el borde del Hielo Continental y, por tanto, resulta doblemente difícil de ser atacado: por la nieve eterna que lo rodea y dificulta el acceso, y por la verticalidad vertiginosa de sus laderas. Y para rematar, su cima es coronada por un hongo de hielo casi imposible de escalar.

Monte San Lorenzo (Santa Cruz)
Los seismiles Argentina posee más de 35 montañas de seis mil metros o más. El mayor número se encuentra en el noroeste de Catamarca (Bonete, Veladero, Reclus, Pissis, Incahuasi, Ojos del Salado y otros, todos volcanes). Como homenaje a ellos recientemente se inauguró en Fiambalá el museo Los Seismiles. Pero no solo por su gran altura, una montaña debe ser linda o motivo para la fotografía.  Un cerro hermoso por su aspereza y de apariencia inaccesible se yergue al oeste del paraje Bajo Caracoles, en Santa Cruz, y se llama monte San Lorenzo. Con sus 3.471 metros no es excesivamente alto, pero sus laderas son más quebradas que una catedral gótica, todo envuelto en nieve y hielo. Por la dificultad para ascenderlo y también por su aspecto se lo llama el Everest argentino. Para asombrarse hasta el hartazgo.  

Federico Kirbus por Federico Kirbus
Desde el punto más profundo de América, 108 metros debajo del mar, hasta los pasos de montaña más altos; desde los desiertos más estériles hasta las yungas: durante medio siglo Federico Kirbus, con su esposa Marlú, ha transitado el país en busca de los sitios más recónditos sentando las bases para el moderno turismo de aventuras en procura de lo que él llama "ni fácil, ni imposible".
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