Estancias
La Isolina, seductora junto al arroyo Tapalqué
Está en el partido de Olavarría y su nombre le fue impuesto por el pionero bearnés Esteban Louge. Su bisnieto y familia hospeda a turistas de todo el planeta en la calidez de un casco de dos plantas que preside las evocaciones de la rica tradición familiar y 1300 hectáreas de tareas rurales.
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Está a 335 kilómetros de Buenos Aires pasando por Azul y luego camino de Olavarría, pero desviando hacia Colonia Hinojo. Desde allí, los detalles de aproximación siguiente -proporcionados por los anfitriones Jorge Louge y su esposa María a quienes reservaron alojamiento- deslumbra a los viajeros a la manera del final de una saga de encantamiento. Tras la tranquera se recorren los últimos 1500 metros hasta estacionar junto al casco inglés que erigió Estaban J. Louge en 1920, abuelo del dueño de casa. Son dos magnificas plantas de estilo inglés que funcionó como lugar de descanso veraniego y hoy rodea un espléndido parque de varias especies. Los visitantes ya presienten las jornadas de sosiego que vivirán a pleno campo, paseos a caballo, asados, comidas criollas y gourmet, sobremesas con historias de familia y regionales que narrará Jorge Luge, incluso en francés (su esposa puede hacerlo en inglés). Todo rematado con impagables atardeceres junto al manso arroyo Tapalqué. De trasponer el gran hall de entrada a la hora del copetín, los entremeses se degustan frente a un cuadro gigante que evoca la figura del bearnés de Saint Blancat, Etienne (Esteban) Louge, el venerado bisabuelo. El relato que se desovilla frente a un mobiliario y decoración con calidez de época, lo retrotrae muy joven desembarcando en la vieja y ya progresista Buenos Aires de 1858, deslumbrado, y con un fiambre embutido bajo el brazo por todo capital. Fue entonces que Etienne - Esteban marchó para "el Azul" como muchos de sus coterráneos, a ser pioneros en esas tierras sureñas hostigadas por malones. Es una historia de cautiverios -dos veces estuvo prisionero en las tolderías de Catriel- y de expediciones por el desierto, incluida la del general Roca.

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Etienne tuvo ocho hijos y las primeras 4500 hectáreas que compró junto al arroyo manso y que bautizó como estancia La Isolina, el nombre de una hija. Cuando aquel muchacho que arribó desposeído en 1858 murió en 1911, su prole heredó 100.000 hectáreas, ricas y dispersas. Tan francés como él -y bearnés- fue su amigo Blas Dhers, también pionero y casado en Azul. Su hijo homónimo se graduó de arquitecto, y fue el elegido para construir el casco de la Isolina. A los hogares encendidos y crepitantes del invierno y noches frías lo polarizan las esmeraldas aguas de una piscina de 16 metros que refleja el perfil del casco y que propicia las zambullidas veraniegas. El confort puertas adentro no está reñido con el mobiliario repujado y las habitaciones gozan de baño privado (con jabones vegetales, artesanales y perfumados con hierbas). Abundan los detalles de valiosa decoración y, en el descanso de la escalera que trepa a las habitaciones, luce una Inmaculada como las de Murillo que alhajan a algunos conventos capuchinos de España. En este caso, se trata de un original que pintó un ayudante a quien el gran maestro ayudó con el toque final de las manos y el perfil de un ángel.

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Un lugar predilecto de las visitas es la sala de lectura que da a un balcón terraza. Jorge Louge, que pasó su vida en La Isolina, atesora documentos y libros que hablan de sus ancestros. Pero el campo lo apasiones y es quien elige los caballos a ensillar para las cabalgatas que encabeza, y sugiere las recorridas de observación de tareas rurales en rodeos y tareas de manga, recorrida que también puede hacerse en sulky. Para lo que prefieren los paseos en bicicleta, las hay adecuadas al terreno, pero también pueden bogar por el arroyo donde hay pesca menor. María, la dueña de casa, diseña el menú y prepara mermeladas, una insuperable salsa criolla y un codiciado lemoncello. Los asados son precedidos de empañadas fritas, y el horno de barro acepta pollos, cochinillos y corderitos para transformarlos en manjares. Las cenas se sirven con todo protocolo de gran vajilla y velas encendidas, sin desdeñar la comida de campo (pasteles de pollo, guiso de lentejas). Las reservas pueden hacerse a al e-mail laisolina@hotmail.com.ar o a los celulares (02284) 15-65-2616 y 15-47-7043.

Francisco N. Juárez por Francisco N. Juárez
Fue redactor en Primera Plana (1965), editor de revistas nacionales y colaborador de decenas de publicaciones argentinas y del exterior, con diversidad temática, también para sus libros, la televisión y guiones de cine. Cofundó el suplemento turístico de La Nación, difundió el esquí y editó la primera guía de estancias.
Francisco N. Juárez

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