 Estancias
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La Candelaria, rural y principesca Cabalgar entre un inmenso bosque y acceder por su portón gótico a un castillo normando erigido hace más de un siglo -con salas de cielorraso artesonado entre vigas doré, coloridos vitraux, cuadros, blasones y estatuas de época-, es un sueño alcanzable a una hora de viaje carretero desde Buenos Aires, para gozar la vida rural y la buena mesa; luego, reposar en una habitación con muebles originales franceses del siglo XVI. |
Es sin duda el casco mas refinado y bien mantenido del turismo rural, a 114,5 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ruta 205, pasando Lobos), disponible para turistas que quieran hospedarse en una réplica de un castillo de tres plantas y 1200 metros cuadrados, tan francés como los arquitectos que lo diseñaron y erigieron, o las pizarras de las cuatro cónicas torres que lo coronan; o tan galo como su mobiliario y hasta el parque -con fuentes, estatuas y puente- que diseñó el célebre parquista -también francés- Charles Tahys.
Dispone de diez habitaciones y otras ocho (llamadas las "coloniales") en un antigua edificación aparte y reciclada. También se puede optar por uno de dos "bungalows del bosque" con hogar a leña, y finalmente un molino holandés hecho albergue. La recorrida por el castillo es como un viaje en el túnel del tiempo hacia la suntuosidad y alhajamientos encumbrados de siglos exhumados por la familia fundadora de La Candelaria. Se da con decorados deslumbrantes, portentosas arañas de cristales y candiles que reemplazan ahora bombillas eléctricas. Hay varios salones, bibliotecas y salas de juego o de estar. La recorrida guiada para quienes se hospedan en la estancia, pero fuera del castillo, o para los que adhieren a las fiestas gauchas de concurrencia sabatina, sólo por el día, incluye cada uno de los lugares más emblemáticos de la historia del lugar. También las zonas de esparcimiento, del bosque o sembradíos, emprendiendo cabalgatas o recorridas en carro o sulky, todo matizado con asado de costillares, destreza criolla o demostración de polo en la cancha que flanquea la entrada a la estancia por su alameda de centenarias casuarinas.
El bosque de cincuenta hectáreas que arranca a espaldas del castillo, ofrece un laberinto de más de doscientas especies botánicas, pero los amantes del deporte tienen a mano espacio suficiente para su esparcimiento, además de dos canchas de tenis de polvo de ladrillo (iluminadas) y una amplia piscina para las visitas veraniegas. Quienes se hospedan un par de días o más, tienen a mano -tranquera afuera- la laguna de Lobos, a ocho kilómetros y con pesca menuda; o los 18 hoyos de golf en el club Fortín Lobos, a cuatro kilómetros y con aeroclub, vuelos y paracaidismo de bautismo.
La Candelaria es también codiciada para reuniones, convenciones y fiestas de bodas. El Salón del Lago, es un nuevo espacio frente a un espejo de agua, que se erigió para albergar hasta mil comensales y que suelen reservar grandes empresas para sus convenciones. Se llamaba Los Pontones cuando en las últimas décadas del siglo XIX allí, y en extensión mayor, solo pastaban lanares. Para entonces, el médico y farmacéutico Orestes Piñeiro, devenido en estanciero, rebautizó el lugar al casarse con Candelaria del Mármol, en su homenaje. Pero como no tuvieron descendencia adoptaron a una niña: Rebeca. Años más tarde, su prometido, el estanciero entrerriano Manuel Fraga, fue el impulsor del nuevo casco principesco. Piñeiro murió en 1904 y Candelaria dos años después.
La estancia llegó a tener 12000 hectáreas y se pobló de ganado de las mejores razas y lució el esplendor de la vida social de los acaudalados de entonces. Cuando Rebeca hizo construir la capilla y panteón para sus padres muertos, fue el cardenal Santiago Luis Copello el elegido para bendecirla. Sucedió el domingo 2 de mayo de 1937. Tres años después, murió Rebeca, la hija adoptiva de Candelaria.
Hoy se conservan 350 hectáreas de la estancia original y la memoria en detalle de su pasado imborrable. Lucrecia Grande, una muy joven licenciada en turismo, con experiencia internacional y criada en la cercana ciudad de Roque Pérez, administra y gerencia el lugar. Es también una buena guía bilingüe y la principal anfitriona. Para contactos y datos sintetizados, ver la página 342 de la guía impresa YPF. Otras vistas de la estancia y sus servicios se alistan en la página web www.lacandelariapolo.com.ar y se reserva a los teléfonos (02227) 424404 / 494133 o por e-mail lacandelaria@isei.com.ar .
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por Francisco N. Juárez Fue redactor en Primera Plana (1965), editor de revistas nacionales y colaborador de decenas de publicaciones argentinas y del exterior, con diversidad temática, también para sus libros, la televisión y guiones de cine. Cofundó el suplemento turístico de La Nación, difundió el esquí y editó la primera guía de estancias. |
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