 Estancias
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La Horqueta conserva la mesa de Alfonsín Hospedarse o pasar un día de turismo rural en este campo cercano a Chascomús -propiedad de familiares del desaparecido político-, permite comer en la robusta mesa que el ex presidente les cedió y a la que prestigió como comensal sabio y paternal durante frecuentes asados criollos. |
Dista unos 120 kilómetros de Buenos Aires y se llega por la autovía a Mar del Plata hasta la primera entrada a Chascomús, acceso que se desanda para girar a la derecha en el inmediato cruce con la ruta provincial 20 en dirección a Ranchos. Por esa ruta basta recorrer solo tres kilómetros y medio, porque se la abandona a la derecha cuando aparece el camino (consolidado y poco polvoriento a pesar de la sequía) que lleva a Gándara. Son apenas dos mil metros hasta el cartel de La Horqueta y su tranquera, que aparece a la izquierda. Una vez traspuesta, el sendero -del que suelen elevarse en estridente fuga algunos teros o es cruzado por alguna liebre despistada-, lleva hacia una muy extendida y frondosa arboleda de multiplicidad botánica centenaria.
Junto a esos verdores en degradé, aparece el casco de estilo Tudor con cuatro habitaciones -dos en suite- que conservan el mobiliario de 1928 cuando fue construido, y la Casa de Huéspedes, con cinco habitaciones, tres en suite. Se reserva para hospedarse o para pasar el día de campo a los teléfonos (011) 4777-0150 y (011) 15-6820-2005 y correo horqueta@fibertel.com.ar (síntesis en la página 348 de Guía YPF impresa, edición 2009/2010).
De a poco, se descubren otras edificaciones, corrales, el potrero de los caballos para las cabalgatas, una piscina convenientemente cercada junto al molino de viento, una unidad en madera de juegos infantiles con hamacas, escalas trepadoras, casita de altura, tobogán y tubo bomberos. También hay bicicletas, ping pong, red de voley y juego de cróquet. A la hora de comer suele prevalecer el asado criollo en sus variantes clásicas, precedidas por una buena ronda de empanadas al horno. Los otros menús no pretenden el paraíso gourmet pero se la alistan con lo más sabroso de la cocina casera. Las cenas en el gran quincho -de un centenar de metros cuadrados-, con hogar de leña, TV satelital y equipo de música, tiene entre sus mesas una muy privilegiada y familiar. Es inmensa y de quebracho o madera dura norteña, de tonelaje incierto e historia enternecedora. Fue un obsequio destinado al Dr. Raúl Alfonsín cuando estaba en ejercicio de la presidencia de la República. El presidente, a su vez, la obsequió a su hija Marcela, casada con Eduardo Pierri, quien con su hermano Enrique, son titulares de La Horqueta y bisnietos de Félix Pierri, un pionero quien en el último año del siglo XIX compró la modesta estancia de doscientas hectáreas junto a la laguna Vitel. El recientemente fallecido Dr. Alfonsín -familia obliga- fue un asiduo frecuentador de la estancia y complacido comensal, de quien se añora la sabiduría volcada allí en las tertulias consecuentes.
Es decir, que la visita es algo más que turismo rural y porque en términos históricos se puede ir a fondo si es verdad que la voz araucana Chascomús quiere decir "campo de lagunas" o que Juan Garay en su expedición terrestre hasta la "costa galana" (por Mar del Plata) vio una seguidilla de lagunas salobres, aludiendo seguramente también a la Vitel. Seguir se puede. Porque la Vitel se une por un breve desaguadero a la de Chascomús, y por la orilla Este de esta última se puede llegar al lugar donde las huestes revolucionarias de Los Libres del Sud fueron derrotadas por tropas rosistas, el 7 de noviembre de 1839 (hubo 500 muertos, entre ellos, el sargento mayor Pedro Castelli, hijo del verbo de la Revolución de Mayo. Pero fertilizaron los mejores ideales de 1810). La Horqueta espera recuperar el buen puntaje alcanzado como edén del llamado birthwatching. La sequía le jugó en contra, y también defenestró por un tiempo la pesca orillera o embarcada, y también los bucólicos paseos de continuo bogar. Sin embargo, la sequía proporciona un paseo insólito sobre el fondo yermo, digno de buenos fotógrafos de naturaleza muerta, carcasas de almejas gigantes y de caracoles lacustres. Ideal para quienes buscan testimonios explícitos sobre el calentamiento global y el descuido ambiental.
Cuando vuelvan las aguas, las cámaras enfocarán a pescadores taciturnos, a los bogadores que provocarán la ondulación de los juncales y el vuelo de garzas que contrastarán con los crepúsculos rojizos, porque allí la vida -con buena memoria, de Garay a Alfonsín-, también sigue.
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por Francisco N. Juárez Fue redactor en Primera Plana (1965), editor de revistas nacionales y colaborador de decenas de publicaciones argentinas y del exterior, con diversidad temática, también para sus libros, la televisión y guiones de cine. Cofundó el suplemento turístico de La Nación, difundió el esquí y editó la primera guía de estancias. |
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