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Escapadas
De estar en capilla, comer en La Rosada
Una meca turística de fin de semana a una hora de Buenos Aires, con viejas casonas, historia, hospedajes y buena gastronomía, aludida en 1806 por un oficial invasor
De estar en capilla, comer en La Rosada
Llegar a Capilla del Señor, la muy antigua población bonaerense a 84 kilómetros de Buenos Aires, constituye un placentero viaje por autopista y su continuidad (RN8) hasta el desvío a la derecha en la RP39, por la que se transitan los últimos 13 kilómetros hasta esa cabecera del partido Exaltación de la Cruz donde ya en 1735 se designó viceparroquia a la capilla que el pionero Francisco Casco de Mendoza erigió al morir su hijo Mayoriano. La excursión por un día bien aprovechado, permite una recorrida por varios lugares para deslumbrarse con muy antiguas edificaciones, y acceder a paseos atractivos, plagados de restaurantes gourmet, parrillas, comedores de campo y estancias turísticas. También hospedarse para completar un fin de semana oxigenado. El distrito está cruzado por la llamada Cañada de la Cruz, que como un arroyo de riberas parquizadas, limita el viejo casco urbano y tienta para tertulias sobre la hierba.Quizás la mayor curiosidad de su pasado consiste en haber sido poblada a partir de 1800 por numerosos miembros de la colectividad irlandesa, cuyos rastros de vida y muerte están plagados los libros parroquiales y el cementerio con antiguas tumbas.Por allí pasó Alexander Gillespie, oficial inglés y jefe de prisioneros españoles y nativos tomados durante la Primera Invasión Inglesa, cuando hace exactamente 203 años atrás ?el 14 de octubre de 1806?, preso el propio Gillespie tras la derrota sufrida por Béresford iba en marchas con varios oficiales británicos a quienes se internaba en poblaciones del interior del país. ?Hay allí una capillita dedicada a la virgen y un río abundante de pescado (sic) que pasa cerca? anotó Gillespie en sus apuntes que publicó más tarde.El listado de argumentos para que Capilla del Señor pudiera ser considerado pueblo histórico nacional son tan abundantes, que un prolongado almuerzo típico, con empanadas y asado en Mi Rinconcito, sobre la ruta 39 poco antes de la llegada a destino, no alcanza para desovillar tanta historia. Y aunque el plan viajero sea permanecer en Capilla, de manera mucho más placentera de lo que sugeriría esa expresión destinada antiguamente a los condenados, y, se posterga para la tarde la visita urbana, conviene evitar la entrada por la RP 39. De seguir en cambio por la RN8 redituará pasar por un lugar épico. Los amantes del asado suelen detenerse en El Vagón (se paga sólo al contado) en el kilómetro 71,7, lugar de sabrosa construcción rústica, un antiguo rodante y el servicio de robustas parrilladas. Los dueños proporcionan las coordenadas del lugar para los clientes vuelvan con ayuda de un GPS.

De estar en capilla, comer en La Rosada
Los viajeros de paladares exigentes, marchan unos pocos kilómetros más (hasta el 74,7) donde desde hace años reina La Rosada (acepta tarjetas) y donde gobierna la cocina italiana ? plato a plato? que elabora José Anigati, dueño y chef autor de inolvidables raviolones (de salmón, cordero o calabaza, entre otros rellenos a elección) y entradas tibias como una de langostinos, champiñones, setas, gírgolas y tomates disecados, manjares que se escalonan hasta postres de excelencia. Todo a un paso del Cruce Robles que hay que traspasar para seguir por la RN8, cruzar aguas arriba el arroyo de la Cruz hasta que un desvío ?a la izquierda?  da con el monolito de la Batalla de la Cañada de la Cruz, derrota porteña por tropas federales del 28 de junio de 1820. Las 780 bajas de ese infortunio fraticida justificó una placa que reza el ?Sean unidos los hermanos??, verso apropiado del Martín Fierro. No es casual que muy cerca de Capilla del Señor perdura el casco y campo de José Hernández donde ?se asegura? el poeta gauchesco escribió la segunda parte de de su célebre romance.Si lo que se prefiere es comenzar la jornada turista desde Capilla, los expertos reiteran una visita inicial en el bar La Fusta de la esquina de Casco y Urcelay. Y sobre esta misma última calle (al 500) recalan en El Antiguo Mirador, una construcción en pié desde 1862 que no se debe a ninguno de los progresistas irlandeses que abundaban entonces, sino al francés Enrique Lamarque, quien la erigió en honor a su esposa.La torre está deteriorada y no puede visitarse pero sí tomar en planta bajo un almuerzo criollo a iniciar con empanadas cortadas a cuchillo, pero que suelen seguir con guisados y otros platos con alcurnia casera. El lugar fue hotel y casino, donde se asegura que apostaron Dardo Rocha y Domingo Faustino Sarmiento.En Capilla se puede visitar el Museo del Periodismo, hospedarse ?con buena cocina, caballos y pileta? en Los Viejos Ombúes y dar con algunos almacenes de objetos antiguos para la decoración hogareña.                                             Francisco N. Juárez 


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