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Método tradicional o champenois Se ponen el vino blanco, el azúcar y las levaduras en una botella, a la que se cierra con una tapa corona. Se inicia naturalmente la fermentación y, al terminar, el champagne está encerrado en la botella pero quedan sedimentos, que son las levaduras muertas. Para eliminarlas, se coloca la botella horizontalmente en un pupitre de madera y se le da todos los días un octavo de giro, inclinando a la vez suavemente la botella. Este proceso de removido se llama remuage. Después de cinco semanas, la botella termina en posición vertical y los sedimentos se han deslizado abajo, hacia el pico. Se pasa entonces el cuello de la botella por un baño refrigerante que congela solamente el pico. Se pone la botella horizontalmente, se destapa y la presión expulsa el cubito de hielo que tiene encerrados los sedimentos. Queda una botella de champagne limpia a la cual se la tiene que rellenar con el mismo champagne y con un jarabe de azúcar llamado licor de expedición que será lo que determinará el gusto final del champagne: nature si no se le agrega nada, extra brut o brut si se le agrega poco azúcar, y demi sec, con más azúcar. Terminado el proceso, se colocan el corcho, el bozal que lo mantiene y la cápsula. Método transfert (de transferencia) Se fermenta en la botella pero se evita la etapa de remoción y directamente se transfiere el champagne de una botella a otra, filtrándolo para sacar los residuos. Después se le agrega el azúcar que determina el gusto o tipo. Método Charmat Inventado a fines del siglo XIX por un francés de apellido Charmat, que imaginó sustituir la botella por una más grande que originalmente tenía la forma de una ánfora romana pero en bronce. En los primeros ensayos explotaron las ánforas, pero hoy, gracias a la técnica del acero inoxidable, se puede fermentar en tanques de hasta 90.000 litros. Es el método utilizado actualmente en la Argentina por el 90% de la producción, y está muy bien adaptado al clima caluroso de las provincias productoras. En Francia se usan bodegas subterráneas que tienen una temperatura constante de 12º grados todo el año. Entonces, nada mejor que un tanque de acero inoxidable que tiene un sistema automatizado de enfriamiento que permite controlar la temperatura y reproducir el beneficio de un subsuelo. Terminada la fermentación y el añejamiento requerido, se filtra y se llenan las botellas con el mismo agregado de jarabe de azúcar y posteriormente se procedía a taparlas y etiquetarlas. Cuando una botella de champagne o espumoso sale de la bodega, el vino está listo para ser tomado. No es necesario ni tiene sentido guardarlo, porque el tiempo no le producirá ninguna mejora.
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