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| Cocina |
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Vinos y cocina, una encrucijada de culturas |
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En la Argentina hay mucho más vitivinicultura que culinaria. Sucede que la cocina regional no ha tenido, salvo excepciones, como las empanadas o el asado, una trascendencia significativa. Pero existe una grandísima cantidad y variedad de vinos cuya difusión es nacional. Es importante destacar que, salvo en las regiones productoras de vino desde el siglo XVII, las otras no frecuentaban esta bebida, excepto los europeos que, sobre todo en Buenos Aires, bebían el importado básicamente de España. En las zonas de influencia inca reinaba la chicha (fermentado de maíz), en las de producción de caña de azúcar algún primitivo destilado de ella, en la pampa aguardientes como la ginebra, etc.
El consumo de vino tuvo un fuerte impulso en las zonas de Buenos Aires y el Litoral con la inmigración europea y como ella se expandió al resto del país. Puede afirmarse con certeza que fue ella la difusora del hábito nacional de consumir vino en las comidas, hecho que comenzó a hacerse evidente en el las últimas décadas del siglo XIX. Esto no significa que no exista una cocina típica argentina ni que no tenga personalidad ni que no estén presentes platos de las distintas regiones, sino, simplemente que no existe una cocina regional en el sentido europeo, pero sí una frondosa cantidad de vinos. El nudo del asunto reside que la avasalladora inmigración europea que llegó al país entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, e introdujo la culinaria de sus distintos orígenes, particularmente los italianos y españoles. Sus recetas, si bien sufrieron algunas transformaciones, formaron la base, primero de la culinaria porteña, que luego se extendió al resto del país. A ellas se incorporaron preparaciones de la época de la colonia, como el puchero, el asado y ciertos dulces, conformando una culinaria de alto valor y originalidad. La combinación de vinos con platos es fácil en la Argentina ya que el viñedo ofrece una gran variedad de cepajes, lo que permite una amplísima gama de varietales y de combinaciones entre ellos. Es sabido que no existen normas rígidas en este asunto, y que el paladar de cada comensal es el que reina. Nada impide comer asado con un vino espumoso blanco, ni pescado con un vino tinto de gran cuerpo. La ortodoxia podrá sentirse ofendida, pero la realidad es que el paladar de cada persona siempre tiene razón. Por ello, las sugerencias realizadas no deben ser interpretadas como dogmáticas sino simplemente como lo que son: sugerencias. |