Con nieve suficiente, como si los copos precipitaran allí a ruego de los dioses grecorromanos que nominan sus pistas, el invierno blanco de este centro de deportes invernales mendocino, mantuvo esta temporada, un altísimo promedio de pistas abiertas. Una propicia tendencia climática parece seguir así hasta la primavera para gratificación de los fans de las tablas y el snowboard, devotos impenitentes de este Olimpo inmaculado.
Ecos de la presencia del Ejército Libertador en Mendoza, fueron abandonadas, y posteriormente reconstruidas en la década de 1950. A la vista del cordón de Bonilla, al este, y la majestuosa cordillera del Tigre frecuentemente nevada, al oeste, las Bóvedas de Uspallata son uno de los pocos relictos visibles y tangibles de la antigua minería y también de la epopeya sanmartiniana.
Cabalgar entre un inmenso bosque y acceder por su portón gótico a un castillo normando erigido hace más de un siglo -con salas de cielorraso artesonado entre vigas doré, coloridos vitraux, cuadros, blasones y estatuas de época-, es un sueño alcanzable a una hora de viaje carretero desde Buenos Aires, para gozar la vida rural y la buena mesa; luego, reposar en una habitación con muebles originales franceses del siglo XVI.
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